martes, 8 de septiembre de 2009

SOBRE LA ESPERA.

Esperar. (Del lat. sperāre).
1. tr. Tener esperanza de conseguir lo que se desea.
2. tr. Creer que ha de suceder algo, especialmente si es favorable.
3. tr. Permanecer en sitio adonde se cree que ha de ir alguien o en donde se presume que ha de ocurrir algo.
4. intr. No comenzar a actuar hasta que suceda algo. Esperó A que sonase la hora para hablar.
5. intr. Dicho de una cosa: Ser inminente o inmediata. Mala noche nos espera.
6. intr. Poner en alguien la confianza de que hará algún bien. Espero EN ti.
~ sentado.
1. loc. verb. U. cuando parece que lo que se espera ha de cumplirse muy tarde o nunca.
He buscado definiciones de 'Esperar' para aprender cómo dejar de hacerlo.
Se sabe que la percepción del tiempo en cada persona es distinta según el momento, el estado de alerta y de ánimo. Algunos psicofísicos lo han medido - suponemos que de la manera más objetiva a su alcance-.
Además de la circunstancia física o emocional de cada uno, entre diferentes personas la percepción del tiempo es claramente distinta. Y hasta aquí todo fácil, salvo cuando tiempos lentos y tiempos rápidos se cruzan.
Este matiz es bastante perceptible en situaciones tan frecuentes como las citas, los encargos y los relatos cortos de biografías.
Esperar puede ser emocionante: un regalo, una visita...
Esperar puede ser un "pesanervios" si es para que nos llamen de un trabajo, que se nos pase una gripe...
Los niños no saben esperar, y hasta nos hace gracia.
Algunos de nosotros mayores nos hemos despistado por el camino de crecer y no sabemos gestionar nuestras urgencias, queremos que las cosas pasen y que pasen ya.
Esperar es una emoción contenida que nos altera.
La incertidumbre nos hace oscilar bajo las cuerdas de la paciencia-impaciencia. Y saltamos, como sin ganas, como si no esperáramos. No vaya a notarse lo vulnerable de nuestro manejo del tiempo.
Sería una emoción más, de estas 'light', como la que nos provoca la risa o la sorpresa, pero se pega a veces la expectativa, que es como una caja de motivos y razones que no deja ser a lo esperado, porque decide todos sus cómos porqués, cuándos y dóndes.
Al menos los niños quieren y esperan porque sí. La media del tiempo, la medida de lo esperado le da una rigidez a vivir sin más, a la que recomendamos mantener a raya, sobre todo en verano, que sumando la espera al calor es un anestésico de masas muy potente.