viernes, 1 de octubre de 2010

...

Soy frágil.

¿Y tú?

¿De qué estás hecho?

¿De hombre?, ¿de mujer?,

¿de ciempiés?,

¿de tyranosaurus rex?

Pregunto

de puntillas,

para que se me vea más.

Así pido las copas en los bares llenos

cuando un labio rojo no es suficiente.

¿Tú de quién eres suficiente?,

¿en qué sitio?

¿por cuanto tiempo se manifiesta tu valor?

Dime dónde vives para ir a molestarte,

a esperarte

en tus mañanas simples,

y sonreírte con cara de desayuno,

y pelos que mejor no te vea tu madre.

No llames a tu madre

para preguntar el color del sofá,

o tendrás que vestir de marrón y caqui

por las calles de modernillos.

Pregúntate a ti que quieres,

y no te lo discutas.

Puedes ir a El Retiro en pijama

y dedicarte tus propios libros.

Nadie te conoce nunca.

Por eso es mejor que saltes saltes

y reduzcas tus insultos

a las guerras de almohadas

en las que no cabe nadie más

si cuentas el contorno de la cintura

como medida de tu cama.

No invito a más señores.

Voy a recorrer la ciudad

descubriendo sábanas y farsantes

con un sable de gominola

atravieso sus casas y corazones,

en una guerra diabética

de subida de azúcar e impuestos.