miércoles, 4 de abril de 2012

Inventar la rueda

Hay que comer.

Comerse el aire comprimido,
comerse el cuerpo
sin parar en soledades.

Comerse un niño.

Volver a entender cómo funcionan los dientes,
inventar la rueda,
tirarnos por barrancos,
que se nos pegue la hierba.

Volver a entender cómo funcionan los estómagos,
fijar el precio a la salida,
que las noticias y la sangre nos sorprendan.

Recordar cómo digiere el alma
tanto dolor mordido.

Las lágrimas tienen muchos tamaños
y no hay tanta sequía en los desiertos,
la tierra no dibuja grietas,
el calor no nos pudre las heridas.

Aún podemos mojar la historia.