sábado, 19 de marzo de 2011

La máquina del olvido necesario

Escribo desnuda de aire
para leerme desnuda de alma.
Completo el espacio,
lo deletreo.
En cada letra un camino.
Vuelvo a llegar tarde al desacierto de ser útil.
Alardeaba hace horas
de tener la máquina del olvido necesario.
El olvido pincha,
es un cristal de vaso roto
y el suelo malbarrido.
Aparece y te jodes.
De este lápiz sólo queda goma,
la marca de fuerza hoja tras hoja.
Sé desplazar a oscuras
pasillos de baldosas enteras.
En corta y pega te hago un hueco
profundo,
y te escondes.
Sé destrozar a la luz del día
mi propia ilusión desesperada.
En corta y pega me hago un hueco,
profundo,
y me encuentras.
Aprendí a sostener un muro de amantes.
Hay en él bloques de piedra,
un "tal para cual pero imposible",
encajes de adobe y paja,
y esclavos de "soy libre".
Lo que parece un techo es mi constancia,
en construir la rutina, el dormir y el alimento.
Domino el arte de superponer.
Me consuelo de uno y otro
con uno y otro.
En realidad soy inconsolable.